La historia del verdadero creador de Batman, una vida sin reconocimiento

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“You either die a hero, or live long enough to see yourself become the villain.”

Traducción: “Mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en villano.”

La frase anterior, aunque atribuida al exitoso film The Dark Knight, en realidad, pertenece a otro individuo (o por lo menos, es lo que popularmente se cree), a alguien no del todo conocido.

¿De quién estoy hablando? No, no es Frank Miller… Tampoco Alan Moore. ¡No! Mucho menos Bob Kane ¿Te das por vencido?

Está bien, te lo diré. Me estoy refiriendo a Bill Finger: el verdadero creador deBatman.

No te alarmes. Es comprensible que no lo conozcas; incluso yo, alguien que se considera fan absoluto de Batman, estuve engañado durante años. Es por ello que me veo en la obligación de abrir tus ojos; no solo a conocer la identidad y obra del auténtico padre de Batman, sino a un entendimiento superior de su trabajo, y de su vida…

Una vida sin reconocimiento

Corría el año 1939 y el éxito de los cómics de Superman demandaba un nuevo superhéroe. En respuesta a esto, Bob Kane se encargó de conceptualizar un personaje al que llamó: The Bat-man. Pero, antes de presentar su idea, acudió a un escritor colaborador que, en aquellos tiempos, recién comenzaba a dar sus primeros pasos en el mundo de los cómics; su nombre era Bill Finger.

Bill, entre otras cosas, sugiere cambiar el diseño inicial: reemplazar el antifaz por una capucha, proporcionarle una capa en lugar de alas; eliminar el brillo y los colores, brindándole un aura oscura e intrigante… En resumen, propone crear el Batman que todos conocemos hoy día.

Comparación entre diseños.

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Bob Kane aceptó sus ideas; de tal manera, que las hizo suyas (literalmente). Luego de que Batman debutara en Detective Comics N° 27, su éxito no tardó en llegar, y con él, la disputa por los derechos de autor, los cuales, obviamente, fueron a parar por el más habilidoso para los negocios en el equipo, el Señor Kane.

Bill Finger, por su parte, continuó aportando a la historia de Batman, cada vez más. Desde el Bat-movil, la Bat-cave y la mismísima Gotham City; hasta el desarrollo de personajes como JokerCatwomanRiddler y Robin… Incluso la muerte Thomas yMartha Wayne, y el origen del héroe en base a la tragedia, fueron conceptos nacidos de la creatividad de Bill. ¿Excelente, no?

Ahora, ¿sabías que el Señor Finger murió en la pobreza (monetaria)?, ¿qué su autoría como co-creador de Batman no fue públicamente reconocida sino hasta el estreno de Batman v Superman: Dawn of Justice?; ¿me creerías si te digo que Bob Kane refutó, en varias ocasiones, la participación de Finger en el desarrollo de la obra, atribuyéndose todo el crédito?

Batman v Superman, luego de 67 años, hizo justicia a su real autor.

Difícil de asimilar, ¿verdad? Pero es así. Es es la dura, y triste realidad. Una vez más, el egoísmo (y oportunismo) humano, priva del reconocimiento a quien lo merece. ¿Por qué digo “otra vez”? Porque estoy seguro que recuerdas el nombre de Walt Disney, pero no el de Ub Iwerks, auténtico creador de Mickey Mouse; y de estos, cientos de casos… aún en la vida cotidiana.

¿No te resulta inconcebible que Bill Finger, en su tiempo de vida, jamás haya recibido un centavo de lo que su obra generó? Nadie recordó su nombre, nadie lo mencionó en un diario, jamás apareció en la portada de un cómic… Incluso, décadas después de su muerte, las películas (anteriores a BvS) basadas en su trabajo no lo acreditaron; incluyendo a The Dark Knight y The Dark Kinght Rises, largometrajes que toman para su título el alias que Finger creó (“Dark Knight“).

Y, cuando alguien se dignó en investigar el asunto para darle a Bill Finger el lugar que se merece, un grupo de señores con corbata establece un premio con su nombre, el cual será otorgado según la siguiente premisa: “(un premio) para ponderar escritores que no han recibido su merecida recompensa y/o reconocimiento.” Tal honor se entrega una vez por año, y a dos individuos diferentes: a un artista vivo, y a otro, de forma póstuma…

Sinceramente, este galardón lo que tiene de noble, lo tiene de irónico.

Sin éxito, sin fama, sin dinero… pero realizado

“En resumidas cuentas, los músicos deben hacer música, los artistas deben pintar, los poetas deben escribir, si quieren estar en paz consigo mismos. Lo que los humanos pueden ser, es lo que deben ser. Deben ser auténticos con su propia naturaleza.”

-Abraham Maslow-

Según el fundador de la Psicología humanistaAbraham Maslow, existe una escala jerárquica de necesidades humanas, definida (por él) como una pirámide de cinco niveles; en ella los cuatro primeros niveles, pueden ser acotados como necesidades de déficit o primordiales (fisiológicas, de seguridad, de afiliación y de estima); y el último nivel, conocido como  «motivación de crecimiento», «necesidad de ser» y/o «autorrealización», es la necesidad psicológica más elevada del humano; la que, luego de ser satisfecha, da sentido válido a la vida y sobrescribe todas las anteriores.

Nadie niega que el reconocimiento y la aprobación son necesidades fundamentales, estrechamente ligadas a la autoestima y de vital importancia en el desarrollo pleno del individuo. Quiero decir, si no estás brindando el reconocimiento merecido a quienes te rodean, con un simple gracias, o una sonrisa cordial, estás mal; o a la inversa, si no estás recibiendo el reconocimiento apropiado por tu trabajo y actitud, de seguro, no estás en el lugar adecuado.

Ahora, el problema comienza cuando creemos que el reconocimiento es la necesidad superior, y obramos coaccionados (inconscientemente) por la opinión calificativa del otro. ¿No lo notas? Claro que lo haces. Lo vemos día a día, y mucho más en estas épocas de “redes” y “me gusta”, en donde comprobamos la falsa construcción del ser, la impostación de la actividad, y la exagerada exposición del “yo”.

El reconocimiento es hermoso y necesario, solo que la búsqueda constante de este, es un error.

Volvamos a Bill Finger por un momento, ¿te imaginas creando uno de los personajes ficticios más relevantes en la historia del siglo 20 (y aún del presente) y no recibir crédito alguno?, ¿te ves a ti mismo escuchando (de la boca de tu socio) que todo tu trabajo, parte de tu alma, fue un plagio… y aún seguir creando? Porque así fue. Bill Finger continuó creando.

Bill Finger había logrado cubrir la necesidad superior; la necesidad de ser y hacer por el simple hecho de disfrutarlo. Era un hombre realizado. Un creador vinculado a su creación por mucho más que un pedazo de papel.

Alguien conectado consigo mismo y en paz con sus decisiones. Alguien que aún cuando el mundo rechazó la autoría de su herencia, se aseguró de que esta llegara a nosotros.

Alguien que, décadas luego de su muerte, sigue vigente en cada trazo negro que esboza una capa sobrevolando Gotham… y, obviamente, en las vidas de los lectores influenciados por su obra, incluyendo a este humilde redactor, quien jamás habría podido escribir este texto, si no hubiese leído Batman Hush de adolescente.

Para finalizar, solo resta una pregunta: ¿podremos?

¿Podremos trascender en esta sociedad dependiente del social interaction, en donde las palmaditas en la espalda son la  recompensa extrínseca a nuestros (no siempre ciertos) logros?

¿Podremos ser creíbles al momento de elogiar, buscando no más que la felicidad ajena?, ¿podremos regalar sinceramente, sin intentar comprar el afecto?, ¿podremos hacer un comentario o subir una imagen a las redes, sin anhelar el espejismo de la popularidad?, ¿podremos dar todo de nosotros y seguir amando, sin importar las “injusticias” de la vida, entendiendo que hacer lo correcto es suficiente recompensa?, ¿podremos crear y vivir, sin buscar el reconocimiento, aún cuando el mundo intente boicotearnos?

Sí, podremos… y lo haremos. Porque existe algo superior y porque nadie puede robar lo que es nuestro. Batman es prueba de ello.

Por años, legalmente, Batman fue obra de Bob Kane… mas ahora sabemos: Bill murió como héroe y, lamentablemente, Bob vivió demasiado, tanto, como para verse convertido en un villano.

Vive como héroe.

 

Gracias a Batanga

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